San Andrés
San Andreas ● 2015 ● USA-Australia-Canadá ● 1h 54min
”Resulta complicado innovar en este tipo de películas.”
★★★★★






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A día de hoy, el cine de catástrofes no tiene tampoco mucho por donde esconderse. De lo que se supone un drama, Hollywood ha llegado a elaborar auténticas aventuras, auténticos “blockbusters” y siempre ha dejado el tema más serio del asunto para otros menesteres. Algunos quizá acusen a la industria de tener poca sensibilidad con estos temas, pero por suerte, siempre hay alguna pequeña perla que se beneficia de los caprichos de la naturaleza y nos regala alguna cinta memorable, casi siempre con escasa repercusión en taquilla.

San Andrés no es precisamente este tipo de películas. Amén de que la historia que plantea puede resultar muy increíble (en manos de los expertos dejamos la posibilidad de que pase o no), lo que sin duda no es una tragedia para ella es su tono. Si nos basamos en su reparto, Dwayne Johnson y Carla Gugino (con escasa química en pantalla, por cierto), uno ya sabe a que se va a enfrentar mientras observa atónico, la destrucción de San Francisco. Ni siquiera la presencia de secundarios como Paul Giamatti o Ioan Gruffudd hacen que la cosa no sea tan caótica.

Ray (Johnson) es un bombero de Los Ángeles que vive tranquilamente mientras termina la separación de su mujer. Su hija se traslada a Los Ángeles, donde vivirá con su padrastro, un millonario constructor. Pero un terrible terremoto sacude la costa Oeste del país, dejando a Ray y a su familia, separados por miles de kilómetros y el peligro constante de que la Naturaleza pueda interponerse en sus vidas.

Conviene dejar claro, que la intención de San Andrés no es más que la de entretener. Al menos y si somos asiduos de un cine, más o menos “comercial”, la película cumple bastante este objetivo, sin llegar a aportar nada nuevo al panorama. Es decir, es una cinta con personajes muy planos, historias ya sabidas y con un trasfondo que no busca una solidaridad para con los que han pasado por este tipo de catástrofes, sino simplemente el entretenimiento puro y duro.

Y es que es complicado intentar contar algo nuevo en este tipo de productos sin caer en tópicos o en algo que ya hemos visto. La imaginación se apodera únicamente de los guionistas cuando tienen que escribir algo de este estilo.

Pero hay una serie de mínimos que, a una historia similar se le piden. Por ejemplo, cierta química entre sus personajes, algo que nos haga simpatizar con ellos, algo que haga que nos importe lo que les pasa. Aquí no hay atisbo alguno de eso. No hay una relación más o menos interesante entre los personajes de la película.

La cinta alardea (y muy bien) de unos espectaculares efectos especiales, otro mínimo que se le exige y que, afortunadamente, cumple con creces (salvo algunos momentos puntuales). Pero en el resto, la cinta no se arriesga (tampoco puede), exagera algunas situaciones, quizá, y su historia es muy plana, sin hueco para alguna subtrama interesante (por ejemplo, Roland Emmerich es bastante experto en eso con los guiones).

San Andrés es una película que busca entretenimiento. Si entramos en su juego, habremos acertado, si de lo contrario nos esperamos una visión algo más profunda del drama de un terremoto, evidentemente no es nuestra película.