I Am Number Four ● 2011 ● USA ● 1h 49min
★★★★

Soy el número cuatro

Cae en el tedio. Parece que la vemos por inercia.

A pesar de haber demostrado que su cine es meramente entretenido, D.J. Caruso ha desaprovechado una interesante oportunidad, la de acercarse a la ciencia ficción para adolescentes. Soy el número cuatro flojea prácticamente en todas sus intenciones.

La corta filmografía en cine de este director, forjado sobre todo el televisión con series como The Shield, Smallville o Dark Angel (producción de James Cameron) no ha sido impedimento para hacerse al menos un hueco entre esos directores no demasiado prolíficos pero que con cada trabajo logran mantenernos en la butaca entretenidos, cosa que incluso muchos que llevan más tiempo en este negocio, no consiguen. Pero mantenerse así en forma no es gratis y a veces hay que sacrificar ciertas cosas para probar nuevas.

Soy el número cuatro cuenta la historia de un extraterrestre (ni verde, ni azul, ni de ningún color) que vive en la Tierra junto a un protector. Un día descubre que será el próximo en morir de una lista de varios como él, que huyeron de su planeta de origen, Lorien, para intentar salvar su mundo. Para que la cosa sea más amena, el joven “alien” se intenta integrar en el instituto del pequeño pueblo de Paradise. Allí convivirá con los chicos de su edad y descubrirá el verdadero amor. Pero todo se va al traste cuando los malos le encuentran.

En un intento por acercar el género de la ciencia ficción al romance, Caruso intenta rehuir de los tópicos y resulta que cae en el tedio, llegando a veces a tener la sensación de que estamos viendo esto por inercia, y cuando llegamos a ese punto es mejor retirarse y al menos dejarse llevar por lo que venga, a pesar de que no nos interese lo que nos cuenta. La intención de iniciar las adaptaciones de los libros de Pittacus Lore (pseudónimo de los autores Jobie Hughes y James Frey) pudiera presentarse algo complicada ateniéndonos a lo visto en esta primera entrega, Soy el número cuatro. Incluso en ocasiones atisbamos cierto regusto a telefilme, algo imperdonable para lo que se supone es esta producción.

Y es que su mayor problema es que no termina de enganchar y su afán por darle profundidad al personaje principal, encarnado en un Alex Pettyfer que mucho camino le falta para alcanzar una madurez interpretativa y no quedarse por el camino con ese recuerdo de “chico mono”. Una cinta de similares características no puede salir por su propia historia, necesita alicientes. Así las historias que mezclan humanos y otros seres (llamémosles vampiros, hombres lobo…) requieren de cierta habilidad para enganchar al público, una habilidad que no vemos en el realizador y que podría transmitirse a través del carisma de los personajes, algo que aquí brilla por su ausencia.

No vamos a despotricar sobre su inefable guión porque, sinceramente, nos cuesta creer que detrás de él se encuentre Miles Millar (solvente en muchas producciones de acción), pero ciertos personajes resultan cuasi transparentes, en donde no hay un atisbo de interés (por poner un ejemplo, algunos de los compañeros con los que se topa Pettyfer en el instituto). La chica protagonista parece estar más pendiente de su auto-agonía que de intentar transmitir su desconcierto ante una inverosímil situación. Por último, los “chicos malos” a los que apenas vemos quince minutos en toda la película y cuya motivación es ninguneada en todo momento. Lo que podría haber conseguido Soy el número cuatro no sabemos dónde se ha quedado.

Cintas como el inconfesable homenaje “hitchcockiano” de Disturbia (2007) o el buen thriller de La conspiración del pánico (2008), atisbaban en Caruso una fulgurante carrera, al igual que sus trabajos para la televisión. Esperemos que este pequeño bache en su carrera no sea un mal comienzo.

Sí de verdad Soy el número cuatro quisiera enganchar, lo habría hecho al menos con sus minutos finales, en donde se pone toda la carne en el asador y al menos disfrutamos de unas escenas de acción salvables, porque dejémonos de historias rosas, pero lo que el público espera es básicamente una lucha entre el bien y el mal desde el punto de vista de un adolescente, y la película apenas cuenta eso. Se dedica a darnos pistas y pequeñas (y melosas) escenas y al final no nos aporta realmente nada interesante.

Buen intento que no se salva de la quema por mucho que esté Michael Bay detrás, que también sigue sin ser sinónimo de buen cine. Soy el número cuatro intenta explotar una moda, pero desgraciadamente cae en su propio intento de convertirse en algo novedoso. Una lástima por su director.