Summer Camp ● 2015 ● España-USA ● 1h 21min
★★★★

Summer Camp

Una vacía propuesta con ingredientes algo caducados.

A pesar de que su último trabajo para el cine fue la cuarta entrega de la saga [REC], Jaume Balagueró hace tiempo que se ganó un pequeño hueco el cine de terror patrio. Tras haber producido trabajos de Paco Plaza (Los sin nombre (1999) y [Rec]³: Génesis (2012)), ahora se lanza a echarle un cable al italiano Alberto Marini, que comparte igualmente género y con quien ha trabajado en otras ocasiones.

Summer Camp cuenta la historia de un grupo de monitores de un campamento de verano que se ven acorralados por una extraña infección que los convierte en una especie de zombi, con una agresividad y una voracidad, realmente extrañas.

Sí, al ver la película no puedo evitar que se me venga a la mente la cinta de Eli Roth Cabin Fever (2002) que luego derivó en dos secuelas y en un remake de la primera entrega. Y es que Summer Camp bebe en exceso de un cine de terror demasiado sobado, sin sorpresas y con un entretenimiento muy justo. Desde luego, si intentamos encontrar novedades en ella, nos va a costar y mucho.

Marini, que ya ha manejado con soltura cintas más elaboradas, se muestra eficaz, sí, pero demasiado convencional y funcional. Va directo a lo que sabe que funciona, con escenas planificadas, con los sustos medidos y premeditados, y con poca mano para desenvolverse con los actores.

Y es que uno de los principales lastres de la película es su reparto, encabezado por Diego Boneta, salido de un talent show de cantantes, y seguido de actrices que han aparecido en alguna que otra producción norteamericana de cierto nombre. Cierra el cuarteto protagonista el modelo español y actor ocasional, Andrés Velencoso. Creo que está todo dicho.

Bien es cierto que la historia de Summer Camp tampoco da para mucho más de lo que vemos aquí, pero seguramente que un guión algo más elaborado, sin tantas “trampas” fáciles en las que caer y después darse cuenta, la cosa podría no haber salido redonda, pero al menos con cierto estilo.

No se hace demasiado pesada, pero la agilidad en su ritmo no es precisamente una de sus virtudes. Además se permite el lujo de cerrarse con un (redoble de tambor, por favor) final que deja casi abierta la puerta para otra secuela.

Summer Camp es un intento de hacer una teen movie pero en nuestro continente. El experimento no sale perfecto y tiene más fallas que aciertos, pero al menos no podremos decir que Marini no lo ha intentado.