Tomorrowland ● 2015 ● USA-España ● 2h 10min
★★★★★

Tomorrowland: El mundo del mañana

Visualmente impecable, pero con un lastre en su guión.

Las buenas vibraciones que nos dio Brad Bird con su salto al cine de acción real en Misión Imposible: Protocolo Fantasma (2011) era un buen aliciente para pensar que Tomorrowland: El mundo del mañana (2015) sería otro espectáculo cinematográfico. Bueno, en parte sí, pero en su mayoría no. Bird ha sabido manejar bien la imagen, pero hasta ahí.

La película nos cuenta la historia de Casey Newton, una joven rebelde que recibe un día un curioso obsequio. No será nada más que la punta del iceberg, de una aventura que lo llevará hasta el mismísimo futuro. Ella es la esperanza de que lo alcancemos.

La premisa de la película, resulta muy atractiva, sus primeros minutos igualmente de interesantes, y el maravilloso planteamiento de la historia también es quizá de lo más llamativo que hemos visto. Bird ha sabido manejar muy bien estos datos, sabe conjugar imagen con sonido de una forma más que correcta. Y es que donde Tomorrowland: El mundo del mañana destaca es en su acabado visual, absolutamente impoluto, muy pocas pegas que ponerle.

Con un reparto encabezado por la joven Britt Robertson (vista en la serie de televisión La cúpula (2013)) y muy bien acompañada por George Clooney, Hugh Laurie o la pequeña Raffey Cassidy (Blancanieves y la leyenda del cazador (Rupert Sanders, 2012) y Sombras tenebrosas (Tim Burton, 2012)), en un personaje absolutamente adorable; la cinta nos entretiene momentáneamente, porque, y aquí está su principal lastre, no tiene un ritmo regular.

Damon Lindelof, salido de la televisión y con un buen puñado de trabajos en cine ya a sus espaldas, se ha encargado junto a Bird, de escribir el guión. Como ya comenzamos, el planteamiento es muy acertado, crea interés y resulta atractivo, pero el desarrollo de Tomorrowland: El mundo del mañana está lleno de “tropiezos”, y parece confuso en muchos momentos, a pesar del mensaje tan sencillo que intenta transmitir y de la historia tan directa que intenta contar. Lindelof se ha ido demasiado por las ramas, enrevesando partes de forma innecesaria y construyendo algunas escenas con clichés que ya hemos visto anteriormente.

El resultado final de la película es correcto, pero muy decepcionante a tenor de lo que se ha visto en pantalla. Bird ha decepcionado en su intento por tomarse algo más en serio una historia, y lo que en su debut como realizador con actores reales, era un absoluto divertimento, aquí se torna en una tediosa e irregular cinta llena de momentos especiales pero que no suplen las enormes carencias que tiene la película.

Posiblemente, un guión más “naif” (a pesar de que la película es ya “naif”) se habría agradecido y habría dado al conjunto un aire más Disney, que es lo que le falta realmente a la película.

Bird, sin haber logrado que la historia nos llegue o incluso, nos haga pensar algo más, ha factura una cinta muy correcta a nivel visual y a nivel interpretativo, pero yerra en lo principal, el guión se va demasiado por otros derroteros, se enrevesa innecesariamente y termina con un desenlace atropellado y previsible al mismo tiempo.