Trance
Trance ● 2013 ● Reino Unido ● 1h 40min
”Contiene elementos que la hacen destacar por encima.”
★★★★






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Sin desmarcarse mucho sobre la hoja de ruta que siempre ha trazado en su filmografía, el británico Danny Boyle decide ahonda en la psique del ser humano a través de un thriller muy bien trazado pero que no deja tampoco demasiado tiempo para innovar. Aún así, Trance es una muestra de su excelente forma como realizador, nunca desentendiéndose de la historia que cuenta y ni mucho menos de cómo lo hace.

Simon es un joven que trabaja en una casa de subastas. Durante un robo del que forma parte, uno de los asaltantes le golpea fuertemente y tras despertar no recuerda nada. Sin embargo, los ladrones le dan caza para averiguar donde está el botín. Para tratar de recordar lo que pasó, recurre a los servicios de la misteriosa Elizabeth, una experta en hipnosis.

El singular estilo que Danny Boyle ha improntado e impronta, en cada una de sus obras, no deja lugar a dudas de que se trata de material suyo. Labrarse un estilo inconfundible, en el cine, es algo bastante complejo y, aunque no siempre coincida con los gustos de la mayoría, suele dejar regustos que, de alguna forma, marcan la diferencia con películas de similares características. Es lo que le sucede a Trance, que a pesar de ser un thriller de ladrones muy clásico, contiene elementos tanto de estilo como de historia, que la hacen destacar un poco por encima.

Tomando como base el guión escrito por Joe Ahearne (que ya había llevado la misma historia hacía 12 años) y John Hodge (autor también de los guiones de Tumba abierta (1994), Trainspotting (1996) y La playa (2000)), Boyle reconstruye todo el suceso a base de una línea narrativa potente, estridente en algunos momentos (muy bien apoyada por la música de Rick Smith, con quien ya coincidió en trabajos anteriores) pero llena de fuerza y sutileza al mismo tiempo, con “flashbacks” muy bien metidos dentro del hilo principal.

En este aspecto, Boyle hace totalmente partícipe al espectador de la historia, le ofrece pistas, le obliga a estar atento e incluso le hace dudar para, al final, aclararle toda la trama de una forma clara y fácil (casi al más puro estilo Shyamalan). Boyle ha jugado muy bien todos los elementos, planificando toda la historia y colocando a los personajes como marionetas.

A nivel de ritmo, Trance es un tanto irregular. Tanto en el comienzo como en el final, el ritmo marca todo, pero es prácticamente en su ecuador cuando sufre un bajón ciertamente importante. Esto conlleva a que es posible que se desconecte de ella.

James McAvoy, Rosario Dawson y Vincent Cassel, el trío protagonista firman unos personajes complejos (como la película en cuestión), muy contenidos y siempre con una doble personalidad que la utilizan en función de su necesidad a lo largo de la película. A nivel interpretativo no podemos achacarla mucho, y es que Boyle siempre ha sabido muy bien manejar a los actores, ponerlos al límite e incluso llevarlos más allá.

Sí que hay que reconocer que con los años, Boyle se ha “impersonalizado” en cuanto a contar historias y se ha dejado llevar más por lo estético que por lo que tiene que contar. Para esto hay gustos, pero es innegable su interés por potenciar imágenes por crear secuencias y por tratar de que lo que parece mundano o típico, se vuelva “original” a base de golpes de música, efectos visuales o una fotografía tan sobrecargada.