Trascendence ● 2014 ● USA-Reino Unido-China ● 1h 59min
★★★★★

Transcendence

Existe intención en la película, pero el resultado no es lo esperado.

La huella dejada por Christopher Nolan con su trilogía sobre Batman o cintas más alejadas del cómic como puedan ser El truco final (El prestigio) (2006) o la laureada, Origen (2010), ha servido para que el director de fotografía Wally Pfister haya podido dar el salto a la dirección tras haber trabajado con el británico prácticamente desde sus inicios cinematográficos. Casi podemos decir que la carrera cinematográfica del director de Transcendence (2014) despegó cuando Nolan lo llamó para encargarse de la imagen de Memento (2000), a pesar de que por aquel entonces, Pfister ya había hecho mucho cine de dudosa calidad.

Transcendence, nos cuenta la historia de Will Caster, un profesor de universidad que, junto a su mujer y un compañero de facultad, se dedica a la investigación sobre inteligencia artificial. Un fatídico incidente le permitirá descargar su mente en un gigantesco ordenador, con consecuencias inimaginables.

A priori, la historia de Transcendence resulta atractiva. La idea de jugar con la realidad, con la posibilidad de que las máquina tengan emociones, sentimientos, que tomen decisiones… es una idea que a todo seguidor de Blade Runner (Ridley Scott, 1982) le encantaría. El problema, es que si aquella obra de K. Dick resultó ser todo un descubrimiento, la historia de Pfister pasa bastante desapercibida dentro del panorama cinematográfico actual. Culpa suya no es, pero tampoco es que la historia innove en demasía. Ni siquiera la presencia de nombres como Morgan Freeman, Cillian Murphy, Rebecca Hall o Paul Bettany, logra levantar la película. No ya de por si el protagonismo de un Johnny Depp más flojo que de costumbre (pero menos sobreactuado, eso sí), que incluso tampoco hace un buen favor a una cinta bastante irregular y que se pierde en si misma, por momentos.

Transcendence arranca bien, se plantea bien… pero justo en el momento en el que tiene que girar para que la cosa no se anquilose, todo se vuelve sumamente previsible, sumamente artificial, y lo que en un principio se planteaba interesante, se vuelve tópico y hasta bastante sorprendente (desde un punto de vista poco positivo).

El guión de Jack Paglen, deja bastantes reminiscencias de su paso por la serie de televisión Battlestar Gallactica, donde también se jugaba con la idea de “máquinas que sienten”. Pfister lo ha elegido bastante inteligentemente, pero Paglen no termina de convencer con un guión pretencioso en su tramo final, un deambular totalmente inimaginable.

Bajo el manto de Transcendence, subyace una historia que intenta plantear dilemas morales, dilemas en donde se coloca al ser humano como partícipe de su propia destrucción, una especie de cuento aleccionador, muy bien decorado (los efectos especiales, al menos son resultones) pero que se pierde en una historia vacía y con poca miga.

No llega a cotas de Blade Runner (Ridley Scott, 1982), por supuesto, pero tampoco se queda por detrás de títulos menos punteros como El cortador de césped (Brett Leonard, 1992). Transcendence podría haber explotado mucho mejor sus intenciones.