True Grit ● 2010 ● USA ● 1h 50min
★★★★

Valor de Ley

Una historia complicada de llevar, pero muy eficaz a día de hoy.

Los hermanos Coen rara vez se han decantado por volver a examinar una película ya hecha. Tan sólo The Ladykillers (2004) era, hasta la fecha, su “remake”. Pero con Valor de ley se han atrevido a algo a lo que muchos quizá tacharían de herejía. Tratar de revisionar el clásico de Henry Hathaway (que se basaba en la novela de Charles Portis), y además poner a Jeff Bridges en el único papel que le hizo ganar un Oscar a John Wayne.

Valor de ley sigue el camino de la pequeña Mattie Ross, una joven que acaba de perder a su padre a manos de un bandido, Tom Chaney. La pequeña toma la determinación de hacerse con los servicios de un Marshall de renombre, en este caso Rooster Cogburn, e intentar dar caza a Chaney para vengar la muerte de su padre. Junto a ellos se les une un “ranger”, el experimentado LaBoeuf, que aunque no acata órdenes de una niña, entiende sus motivos.

Como se puede ver, la película no difiere mucho de la versión original de Hathaway. Es toda una fábula (dura, eso si) a la madurez de una niña. Debe acatar una serie de órdenes, debe seguir unos pasos, debe caminar por una senda… para finalmente alcanzar su objetivo, conseguir la madurez. Aunque precisamente no estamos ante una niña inocente. Desde los primeros minutos, sabemos que Mattie Ross es casi una mujer hecha y derecha. Administra la cuentas de su madre, cierra negocios (de una forma u otra), contrata a gente… Es una joven experimentada, pero le falta todavía aprender algo en la vida.

Valor de ley es quizá una obra algo desapercibida para tratarse de los Coen. Y digo desapercibida por su origen, quizá le suceda (esperemos que no) lo mismo que le sucedió a The Ladykillers, que a pesar de tener a Tom Hanks en su reparto, fue casi vapuleada por crítica y público. En esta ocasión estamos hablando de una revisitación de un clásico del western, son palabras mayores para todos aquellos que han crecido con John Wayne o John Ford.

Durante ese viaje en el que Mattie Ross aprende realmente lo dura que es la vida, le acompaña uno de los personajes más entrañables que hayamos visto dentro del universo de los Coen. Un soberbio Jeff Bridges (lástima que su Oscar le reste algunos puntos para llevárselo de nuevo este año) se acomoda fácilmente en la pantalla y lo que vemos es una actuación prácticamente irreprochable, con frases contundentes y con la presencia que le caracteriza. Da gusto verle actuar y da gusto escucharle. Bridges ya conoce de sobra a los Coen, quizá esa complicidad es la que le haya permitido una de sus actuaciones más memorables junto a ellos (con El gran Lebowski (1998))

Está claro que Bridges no es Wayne. Si alguien espera ver una imitación, que se vaya olvidando, habría sido muy fácil y seguramente Valor de ley no se hubiera hecho. El actor se hace con el papel desde el principio, desde su presentación en el juicio (quizá algo estirada) hasta alguna que otra escena que deja patente ciertos rasgos de su personalidad (borracho y dejado, vive en una trastienda de un comercio de chinos). Podemos decir que Valor de ley está hecha para lucir a Bridges, sin ensombrecer en absoluto el propósito de la historia. He de confesar que me supo a poco Matt Damon en esta cinta, el hecho de ser un secundario no parecer irle mucho.

Valor de ley vuelve a poner al espectador en el papel de juez, vuelve a darle la oportunidad de decidir por los personajes, otra de las facetas más interesantes de los Coen. Su buen arte, su buen hacer y su habilidad para cautivarnos con los personajes son las bazas para esta película, tan seria y honesta como llena también de esperanza (¿habría realmente justicia en aquella época?).

Es una propuesta interesante, arriesgada para con los llamados “puristas”, pero son los Coen y su cine siempre es bien recibido por la mayoría. Aunque no saquen mucho jugo de lo que ya está exprimido, siempre nos queda admirar su forma de dirigir actores, y Valor de ley tiene un buen puñado de buenos momentos.