Whiplash ● 2014 ● USA ● 1h 47min
★★★★

Whiplash

La experiencia de Damien Chazelle durante sus clases como componente de una banda de instituto, le inspiraron para querer contar a la gente su experiencia. De quí salió Whiplash (2013), un cortometraje con doble intención, la primera, la de contar la historia y la segunda, la de conseguir los fondos suficientes para hacer un largometraje. Tras su paso por el Festival de Sundance, en donde consiguió el premio al Mejor Cortometraje de Ficción, consiguió la financión suficiente para convertir su periplo en una película, intensa, dura y muy humana.

El protagonista de nuestra historia es Andrew, un joven que practicamente acaba de comenzar sus clases en el conservatorio, en donde quiere ser un gran batería. Un día, le escucha uno de los profesores más reputados del centro, Terence Fletcher. Su sueño de convertirse en un gran batería de jazz parece hacerse realidad cuando le admite en su clase, donde sólo quiere a los mejores. Pero los métodos de Fletcher no son fáciles de asimilar.

¿Quien no ha sufrido alguna vez el tener a uno de esos profesores que “te hacen la vida imposible”? Esta premisa, llevada al extremo, es parte de lo que le sucede al protagonista de Whiplash. Pero en esta ocasión, la dureza de la enseñanza, la tenacidad humana por conseguir la perfección y/o el éxito, lleva al joven Andrew hasta límites en los que su vida corre peligro. En ese preciso momento (en la película, en los momentos finales) en donde uno ve claramente en qué se ha convertido y ve la necesidad de dar un pequeño paso atrás y recapacitar qué quiere hacer con su vida.

Chazelle retrata especialmente bien la ambición humana y la necesidad de llegar a ser alguien en esta vida. Para ello ha tomado parte de su vida y la ha puesto delante de nuestras caras. Sus cómplices son dos grandes actores. Por un lado J.K. Simmons, que retrata, espectacularmente un profesor duro, con una fuerte personalidad y absolutamente obsesionado con la perfección, capaz de llevar a sus alumnos hasta el límite y de utilizar la violencia física si es necesario. Por otro lado Miles Teller, que nos ofrece ese escaparate directo de Chazelle, y que da vida a ese joven que quiere comerse el mundo y del que sabemos que hará lo que sea por conseguir su éxito.

A lo largo del viaje de Miles (por cierto, incomprensiblemente no está nominado a los Oscar, sí J.K. Simmons), el espectador es testigo de sus tropiezos y de sus obstáculos para llegar a su particular meta. Fuertemente influenciado por la necesidad de demostrar que su destino es ser un buen batería de jazz (lo demuestra hasta delante de sus padre) o incluso capaz de apartarse de la sociedad y de las relaciones sociales, por conseguir su único objetivo.

Para llevar a cabo Whiplash, Damien Chazelle ha demostrado que sabe perfectamente lo que quiere, y demuestra una enorme madurez como cineasta. Esa tenue fotografía que recuerda a los clubes de jazz, en donde tan solo la anaranjada piel de las personas destaca entre la negrura de las paredes ligeramente iluminadas. También el montaje, de Tom Cross, que sin duda le otorga a la cinta un ritmo frenético cuando es necesario. Técnicamente la cinta tiene pocos reproches.

Quizá donde le debamos poner algunos peros (no muchos) es en su guión. Chazelle se ha encargado él mismo de firmarlo dotando de buenas intenciones cada una de las escenas, pero desgraciadamente, algunas se quedan un poco inconclusas. Otras en cambio no parece ser demasiado realistas (a pesar de la intención). En general el guión de Whiplash no brilla especialmente.

Una película muy digna, seria y con mucho cine. Demostrando que con escaso presupuesto y poco tiempo de rodaje (se rodó en menos de 1 mes), es posible contar historias y Whiplash lo hace con firmeza, con un pulso narrativo recto y con unos personajes llenos de ambición.