Wonder Woman

Mientras continúa la “lucha” por ver quien hace más dinero con los superhéroes, el espectador es quien mejor está saliendo de todo ésto, teniendo una oferta muy amplia de personajes, pero que, en esencia, prácticamente todos comparten la misma historia. Y es que ni siquiera esta Wonder Woman (Patty Jenkins, 2017) consigue alejarse de los convencionalismos ya establecidos en el cine de estos personajes, por muchos que se la intenten ver otras cosas.

De la mano de William Moulton Marston, creador del personaje, nos llega esta historia sobre Diana, una de las amazonas que vive en la secreta isla de Temiscira, totalmente aislada del mundo real. Allí un día llega un espía inglés que le habla sobre la gran Guerra que asola el mundo. Ella se enrola con él para tratar de poner paz en mitad del conflicto.

En su fórmula (tanto DC como MARVEL) de unificar universos de superhéroes, le ha tocado el turno a uno de los que quizá, menos seguidores tenía. La aproximación más recordada a la pantalla del personaje de Wonder Woman, llegaba hace unos cuantos años, de la mano de una serie de televisión, protagonizada por Lynda Carter (allá por los setenta), desde entonces ha tenido que ser una directora que llevaba 13 años sin dirigir, la que ponga las cosas en su sitio.

Pero a pesar de que el público pueda ver un alegato feminista o la necesidad de hacer hueco a las mujeres en el masculino mundo de las capas y los trajes ajustados, en Wonder Woman, no hay absolutamente nada nuevo que nos descubra lo que ya sabemos, y lo que sigue y seguirá, siendo tónica en este subgénero.

Sí, a la mujer se le da algo más de notoriedad en la historia, lógicamente Wonder Woman… es una mujer. Pero poco más se puede vislumbrar salvo las costuras clásicas de un tipo de producto muy orientado a hacer cantidades de dinero. La fórmula se repite, los clichés también, y entre todo eso una sencilla historia que se alarga innecesariamente en un guión flojo y con cierto regusto a tebeo, lo cual en algunas partes se agradece.

Pero claro, todo esto tiene un precio, y es entrar en su juego. Wonder Woman, totalmente consciente de lo que es, entretiene, sin necesidad de artificios ni de buscar demasiadas complicaciones a su trama. Hay un villano, una heroína, y un grupo de tipos buenos que ayudan a nuestra protagonista. No hay más, no es necesario más, para mantenernos entretenidos. Dicho ésto, ¿dónde está la novedad? Sencillamente no la hay.

Abusando de lo que ya sabemos (y afortunadamente MARVEL no), esas ralentizaciones, esas imágenes espectaculares… todos los excesos que ahora triunfan y que tan de moda están. Perfectos para que, tanto envoltorio como producto, sean degustados de la forma pensada. Porque no debemos olvidar que estamos ante un producto muy bien pensado.

Tanto Gal Gadot (que parece que muchos han descubierto ahora), como Chris Pine, David Thewlis, Danny Houston, Robin Wright o Connie Nielsen, están correctos en sus respectivos roles, no se les exige mucho y dado el texto y la dirección que hay tras ellos, no parecen tampoco ofrecer mucho más. Jenkins opta por no hacerse la lista de la clase.

Wonder Woman es cine de entretenimiento, cien por cien, la historia de una mujer que busca su hueco en el mundo, que lo encuentra y que no cesa en pelear por seguir en él, porque en el fondo, sí, es un reflejo de la mujer en varias épocas, no hay duda, pero también se podría haber sacado más jugo de todo esto y no simplemente hacer una película excesivamente simplona.

Jenkins, que ya parece haber aceptado el cheque para la secuela, nos dejó hace unos años otra cinta protagonizada por féminas, la espléndida Monster (2003). Ahora se ha reenganchado en el negocio otra vez, además apostando por el caballo ganador.

Entretenida, técnicamente no tan notable, con un reparto correcto y una dirección bastante convencional, así es la nueva heroína que ha venido a los cines para quedarse, para atraparnos y para poner a las mujeres en su lugar, o eso dicen. Siempre han estado ahí, donde han querido llegar, como el resto.